Mallorca sin gluten, la isla ideal

Los lugares más mágicos tienen a la gente más mágica. Porque los lugares los hacen las personas, y así es Mallorca, pura magia. Así que hoy os hablaré de una Mallorca sin gluten y de todo lo que desprende la isla.

Mallorca sin gluten, la isla mágica

Voy cada año a Mallorca, pero cada año me sorprendo más de su hospitalidad y del gran corazón que tienen todas las personas que viven aquí. Este año la aventura empezó el viernes, cuando visitamos el restaurante Can March. Nos lo había recomendado Cati, y aunque no la conocía personalmente confiaba 100% en sus recomendaciones, y no me equivocaba.

Comimos un menú sin gluten. Yo pedí escalivada, pescado y flan de queso. Además me sirvieron pan sin gluten y me informaron constantemente de las opciones. El fin de semana empezaba de la mejor manera.

Por la tarde nos tomamos una Daura sin gluten en Es Cos. Cuando pasamos a preguntar si tenían cerveza un simpatiquísimo camarero llamado Miquel bromeó diciendo si sería capaz de acabarme todas las que me guardaba en la nevera.

Más tarde, a la hora de cenar, nos dirigimos a casa de los padres de Joan y conocí a Joana Maria, quién robaría mi corazón por el resto de fin de semana.

Nos preparó tortillas de patata, trempó i sandía. Vigilando en todo momento de que yo pudiera comer de todo. Bromeamos diciendo que estábamos en una pensión, puesto que procuraba porque todos estuviéramos bien, y os digo en serio que si lo fuera se ganaba muy rápido mi 10 de Trip Advisor.

Al dia siguiente, Joana Maria tenía un buenísimo desayuno sin gluten preparado, así que yo era pura felicidad. Mi estado de ánimo va directamente ligado a qué tal me alimento, así que imaginaros.

El día no acompañaba pero he estado muchas veces en Mallorca, por lo que el objetivo principal no era pisar sus maravillosas playas, sinó pasar tiempo con Joan y Marga. Guillem y Joan se fueron en bici y Marga y yo cogimos un tren de Inca a Manacor para tomarnos un vermut.

Empezamos nuestra ruta en Can Lliró y, señoras y señores, tenían Estrella Galicia sin gluten, mi favorita. Dos cervezas después, nos fuimos de Can Lliró y mientras paseábamos por las calles lluviosas de Manacor nos comimos unas «panades» sin gluten del Forn Saludable.

La idea era ir a comer, pero después de las «panades» ya estábamos casi llenas, así que solo pedimos unos huevos con foie para compartir en Entrevins.

Un paseíto más por las calles de mi segunda casa y nos dirigimos a Es Cos a terminarnos las cervezas que habíamos dejado en la nevera el día anterior. Miquel, muy atento, se preocupó que no nos faltara nada mientras conversábamos con los compañeros de gimnasio de Marga. Más gente amorosa de la isla.

Cuando llegó nuestra hora volvimos a Inca, por la noche teníamos cena en el Pink Pollo de Can Picafort y no queríamos llegar tarde, era otra de las super recomendaciones de Cati.

Allí nos encontramos con Alba y Toni. Alba es una de mis mejores amigas de toda la vida y, aunque no le quedaba muy cerca, no queríamos perder la oportunidad de pasar tiempo juntas. Toni es su novio mallorquín, un chico muy simpático que me confirmó la gran hospitalidad de todas las madres mallorquinas. Comimos hasta reventar, con total seguridad de que es un local que vigila mucho que todo lo que cocina sea apto para celíacos.

Volvimos a la «pensión» de Joana Maria para dormir y para volver a encontrar un delicioso desayuno al día siguiente. Señores, porque tengo una hipoteca que pagar porque sino me quedaba en Selva, en su casa, en la habitación de Tía Jeronia que ahora ya era la nuestra.

Era día de elecciones, pero yo ya había hecho los deberes por correo. Nos dimos un paseo por este bonito pueblo y acabamos en el mirador, Es Parc, tomando una Daura sin gluten. Tengo que reconocer que Selva me robó el corazón y mientras miraba hacia la Serra de Tramuntana ya soñaba en volver.

Comimos fora vila, con los padres de Marga. ¡Siempre que visito Mallorca quiero ir a verles! No solo porque su coca de trempó sin gluten y sus tartas me parezcan lo más espectacular de este mundo, sino también porque les considero mi familia mallorquina i no concibo pisar la isla sin verles. También a su hermano, su cuñada y a las pequeñas terremoto, que son parte de nuestra familia también.

Al salir pesaba 2 kg más por la comida y porque rebozaba felicidad y, esto seguro que también pesa. Cuando ya pensaba que el viaje no podía ir mejor, conocimos por fin a Cati, nuestra recomendadora gluten free oficial. Visitamos su casa y no nos conocíamos pero congeniamos enseguida. Como estaba muy llena me preparó un kit mallorquín sin gluten para que me lo llevaré, que devoré al día siguiente, durante un descanso en el trabajo.

Volveremos. Volveremos mil veces. Porque esta gente te llena el alma y el corazón.

¡Gracias!

 

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