La Toscana sin gluten

El miércoles cogimos un avión de Girona a Pisa para aprovechar nuestros últimos días de fiesta visitando la Toscana. Ya habíamos estado anteriormente en las ciudades, así que esta vez nuestra idea era entretenernos más en las zonas rurales y no dedicar tanto tiempo a las ciudades.

Maria, la prima de Júlia i Xènia, vive en Siena y nos recomendó que buscáramos alojamiento allí, ya que era un punto muy céntrico donde volver a dormir después de las visitas que realizáramos. Los días previos busqué continuamente «La Toscana sin gluten» en Google y llené mi mapa de posibles sitios donde comer. A continuación, os explico por cuáles me decanté finalmente y mi opinión.

Día 1 de la Toscana sin gluten: Siena

El primer día llegamos a Siena sobre las 4 de la tarde. Dejamos las cosas en el apartamento y visitamos la ciudad. Después de explorar sus mágicos rincones nos decidimos por cenar en Il Ghibellino, un bonito restaurante con varias opciones sin gluten y con pan de molde y tostaditas sin gluten. Pedimos todo para compartir, unos huevos con trufa rallada, un risotto de puerro y queso y malfatti (unos gnochis gigantes) con espinaca, pomodoro y queso. Esto y una bebida nos costó 20€ por cabeza.

   

La verdad es que quedamos llenísimos, pero se me puso en la cabeza que quería un helado de Grom, una heladería 100% sin gluten, y le hice un pequeño hueco. Hay varias en Italia y os las recomiendo 100%. Son helados artesanos y riquísimos.

Día 2 de la Toscana sin gluten: Castellina, San Gimignano y Volterra

El segundo día quisimos saludar el Chianti, ya que al día siguiente lo visitaríamos en más profundidad. Así que paramos a tomar el café en Castellina. No nos venía de paso, pero lo bonito del Chianti son sus carreteras estrechas y sus paisajes llenos de viñedos, así que no nos importaba. Antes pasé por el Starbene de Siena y me compré una focaccia sin gluten, desayuno resuelto. Hay Starbene en varios sitios de Italia y la verdad es que va muy bien para comprar desayuno y pasta. Aquí os dejo una imagen de una marca que he conocido en una de estas visitas y me parece brutal.

   

Después fuimos a San Gimignano, precioso pero estaba muy lleno de turistas que le quitaban parte de su encanto. Más tarde, visitamos Volterra. Allí comimos en un restaurante llamado Ombra della Sera que cocinaban pasta sin gluten. Me pedí unos tagliatelle a la arrabiata cocinados al dente, espectaculares. La comida nos salió a 15€ por persona, un plato de pasta y una bebida.

Por la noche, dimos otro paseo por Siena y la intención era cenar en el Gallo Nero, de hecho ya teníamos una mesa reservada. Pero nos encontramos una cena popular en el barrio y decidimos quedarnos a cenar allí. Montaron una barbacoa enorme donde solo cocinaban carne. En otra mesa podías ir a comprar embutidos y bebida. Además, terminé el festín con un postre sin gluten que me ofrecieron. Vamos, un planazo. El precio de la cena, con bistecca incluida, 13€ por cabeza.

Día 3 de la Toscana sin gluten: El valle del Chianti

Estaba llena del día anterior, así que para desayunar me compré fruta. Cogimos el coche (por cierto, si vais a Siena os recomiendo aparcar en un parking que se llama Il Campino y es gratuito y muy cerca del centro) y empezamos la ruta. En el valle del Chianti hay pueblos con mucho encanto, pero lo mejor es perderse entre sus viñedos. Disfrutamos del paisaje y de mientras visitamos Radda, Volpaia y Panzano, donde tuvimos la suerte de encontrarnos con una feria de vino donde todas las bodegas de la zona te dejaban probar su vino y te explicaban cómo lo habían hecho.

Después de la cata, nos entró hambre, así que nos dirigimos a Greve para comer algo en La Cantina. Quería ocultar esta información porque no me deja muy bien, pero ya es demasiado tarde. Soy una ansias y una fan de las pizzas, así que este día comí una pizza al mediodía y otra por la noche. La masa era muy fina y crujiente y los ingredientes muy buenos (la pedí 4 quesos). A mí me gustan más las gruesas, pero era muy correcta. No quería postre y me invitaron a una panacotta muy buena. La verdad es que eran muy detallistas porque a todos al llegar nos invitaron a un prosecco y con el café a un trocito de pastel (panacotta en mi caso porque se acordaron de que era celíaca).

   

Después de la comida, visitamos el pueblo y más tarde subimos a Montefioralle y dormimos una siestecilla en un parque antes de coger la carretera dirección a Florencia. Una vez allí, fuimos a la Piazza Michelangelo a disfrutar de las vistas, y luego bajamos a pasear por los sitios más emblemáticos de la ciudad. Habíamos reservado a las 8 en Ciro & Sons, donde dicen que hacen las pizzas sin gluten más buenas del mundo y, aunque tengo que reconocer que la masa era puro espectáculo, lo que yo no sabía en aquel momento era que mi mejor pizza de la Toscana todavía estaba por llegar.

Después, paseamos para que bajara la pizza, cogimos el coche y volvimos a Siena.

Día 4 de la Toscana sin gluten: Pisa y Lucca

Por la mañana volví a Starbene a comprar desayuno y pasta para llevar. Después fuimos a pasear por Lucca. La verdad, es que mucha gente no la tiene en cuenta en su visita a la Toscana y es preciosa. Allí, en lugar de comer de restaurante nos preparamos bocadillos con una focaccia que había comprado en Starbene y rúcula y embutido que compré en Lucca.

Después de comer, devolvimos el coche al aeropuerto de Pisa y fuimos andando al centro. Paseamos por todas las calles y comimos helado en Gelateria de Coltelli (helados sin gluten muy buenos pero no tanto como en Grom), mientras admirábamos cada rincón y la bonita luz que queda cuando cae el sol.

También, nos hicimos la típica foto sujetando la torre y buscamos donde poder cenar nuestra última pizza (Carlos Ríos no leas esto…). ¡All in!

   

Me sabía mal que Guillem siempre tuviera que cenar en los restaurantes con las mejores reseñas sin gluten, pero no las mejores reseñas glutoneras, así que decidimos que el último día todos teníamos que probar lo mejor. Primero fuimos a Gusto al 129 que es una pizzeria bien valorada con mucho gluten y se pidió una pizza para llevar y un tiramisú. Luego fuimos a la pizzeria Nika y yo me pedí una pizza sin gluten Nika para llevar y una focaccia de Nutella. Cenamos en un parque y él comió la mejor pizza de su vida, pero es que yo también la mía. La masa de Nika es indescriptible, un día después de probarla todavía sueño con ella… Es un local apartado del centro, lleno de locales, que cocinan con cuidado pizzas y focaccias sin gluten. También tienen cerveza Daura y Peroni sin gluten. Desde que llegamos no paró de sonar el teléfono y no paró de entrar gente y más gente. A 10 metros de Nika, hay otra pizzería sin gluten, La Pizza Mágica, pero estaba cerrada y no puedo deciros qué tal.

   

Tomamos rumbo al hotel cruzando de nuevo el centro, un hotel que estaba a 10 minutos del aeropuerto porque al día siguiente nuestro avión salía muy temprano. Se nos veía llenos y contentos, seguro.

La Toscana es preciosa, dijimos, y entre risas empezamos a cantar Parole, parole, parole, parole parole soltanto parole, parole tra noi… mientras nos alejábamos lentamente del centro de la ciudad.

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