My Fucking restaurant, fucking sin gluten

Viernes por la noche y hemos quedado con Ici para cenar y celebrar su cumpleaños. Ya hace tiempo que quiero cruzar las luces de neón del My Fucking Restaurant y ver qué esconde en el interior. Parece el día perfecto.

El nombre llama la atención, pero todavía llama más la atención la propuesta gastronómica italo-catalana que ofrece este lugar.

Nos sentamos en nuestra mesita y empezamos a mirar los platos de las otras mesas, este sitio apunta maneras. Ici se ríe porque le digo que he leído en Trip Advisor que son muy simpáticos y que para mi esto es de agradecer. La comida es muy importante, pero el entorno a veces lo es más. Como veis, voy con las expectativas altas. Además cuando llamé hace unos días para hacer la reserva me dijeron que casi toda la carta es sin gluten, que son muy cuidadosos y que están a la espera de recibir el certificado de la Asociación. Por favor, me saltan las lágrimas al escucharlo.

Buen servicio, buena compañía y muchas opciones para celíacos. Ya puede empezar el espectáculo… Que se abra el telón.

Queremos probar muchas cosas, así que decidimos compartirlo todo. La carta está muy adaptada a esta opción porque todo son platillos ideales para compartir. Empezamos con una burrata muy buena (pido el coulis de pimientos aparte que a Ici no le gustan y a mi me encantan) y un pan sin gluten de buena textura y buen sabor, creo que nadie sería capaz de reconocer que es un pan para celíacos a simple vista.

   

Llega el momento de las primeras sorpresas de la noche, las croquetas de ossobuco y las bravas que sueñan ser patatas. Digo sorpresas porque las croquetas no son las típicas croquetas. Son unas bolas con sabor cítrico y grandes dosis de carne bien cocinada. Buenísimas, ¡ah! Y sin gluten. Luego, viene el turno de las bravas, también a la altura de las circunstancias… ¡Dios, es un festival! Fede, el camarero, nos reta a adivinar de qué están hechas a cambio de un limoncello, pero no acertamos. No voy a revelar el secreto y os reto a vosotros también a que vayáis e intentéis dar en el clavo..

   

Estamos llenísimas pero no nos queremos ir sin degustar la tortilla de parmesano y las alitas de pollo. La tortilla es muy sabrosa y las alitas son muy originales y deliciosas. La verdad es que sorprenden mucho y están riquísimas. Si visitáis My Fucking Restaurant, este plato es un “must”.

   

Estamos encantadas con el local, el trato y la comida. Una cena tan redonda se merece un final igual, así que, aunque llenísimas pedimos la carta de postre. Decidimos compartir un cheese cake, espectacular y aquí os dejo la foto para que veáis que no os engaño.

Hemos estado tan a gusto que pedimos ver la cocina, nosotras como si estuviéramos en casa. Los cocineros son tan simpáticos como los camareros y lo tienen todo impoluto. Me cuentan la sensibilidad que tienen por cocinar sin gluten y yo puedo añadir que además lo hacen con mucho amor. Juramos volver pronto y cruzamos de nuevo el neón con una sonrisa de oreja a oreja.

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