Volvemos a Bardot, el palacio con opciones sin gluten

En abril de 2013 escribí un post del Bardot. Ellos llevaban pocos meses abiertos y yo llevaba pocos meses con el blog, de hecho fue una de mis primeras entradas.

No era un sitio con carta sin gluten, pero la amabilidad de todos los que trabajaban allí era una de sus grandes cualidades y cuando les conté que era celíaca no dudaron en freírme las patatas con aceite nuevo, cocinarme un ossobuco durante horas con Maicena en lugar de harina y cuidar hasta el último detalle para que cenara con total tranquilidad. El pan sin gluten me lo llevaba de casa y no fue hasta un tiempo después que no les llegó la cerveza sin gluten más espectacular, Estrella Galicia.

Han pasado muchos años, he tomado algunas copas de vino allí (mis tíos viven justo al lado y suele ser un lugar de paso) y hasta ayer no volví a disfrutar de una cena en este precioso local diseñado por Lázaro, el palacio de Enrique Granados como lo describí yo.

El precio no permite ir a menudo pero si queréis daros un caprichito os recomiendo hacerle una visita. No ha cambiado tanto desde 2013, pero ha evolucionado mucho en el aspecto del gluten.

Ahora tienen pan sin gluten, cerveza y los platos señalizados en la carta. No pregunté si todavía podía cogerme la confianza de pedir un ossobuco con Maicena pero por su predisposición con todo entiendo que no habría problema. Os cuento lo que comimos…

Guillem es un gran fan de la ensaladilla rusa y vayamos donde vayamos tiene que probar un plato. Parece un plato de lo más sencillo pero no todo el mundo lo prepara con delicadeza. Esta era increíble e iba acompañada de una espuma que le daba un toque original. Además el bonito que le daba el toque final era de una calidad excelente.

Obviamente quisimos recordar el sabor del plato estrella y sigue tan espectacular como siempre, el pulpo a la brava. Esta mezcla de sabores sigue haciendo que cierre los ojos cuando lo pruebo. ¡Qué maravilla!

Mi hermana es una gran fan de los mejillones y en honor suyo, aunque no estuviera, me pedí los que tenían en carta con apio y Kimchi. Además la camarera nos dijo que era uno de los platos más aclamados. Al poco rato ví el motivo, la salsa era espectacular y me comporté y no me bebí toda la salsita que había sobrado pero, unté casi todo el pan para aprovechar este gran momento todo lo que pude.

Estaba bastante llena pero habíamos pedido también costilla de Angus a baja temperatura e hice esfuerzos para hacerle un hueco, aunque era más grande que yo. Era una carne muy tierna y rica y dejamos el hueso como si Astérix hubiera pasado por la mesa, menos mal que no podíamos más.

El momento postre también era un momento que esperaba con mucha ilusión, recordaba a la perfección la tortilla fea que me había enamorado en 2013. Su textura y sabor permanecían intactos, como si hubieran conservado la receta bajo llave, pero eché de menos la sensación de peta zetas.

Además de ser un local bonito y con una materia prima impresionante, tienen una carta de vinos que enamora a cualquier amante de una uva bien trabajada. Se me iban los ojos viendo las maravillas que tienen en carta, pero normalmente los precios son muy elevados y aquí sí que no hay mucho secreto, puedes tener el mismo sabor en casa. Así que optamos por Les Cousins una opción más sencilla de Marc & Adrià que nos dió un toque fresco con recuerdos de nuestros días en Porrera.

   

La verdad es que no sé por qué motivo llevaba tanto tiempo sin repetir esta experiencia, espero no dejar pasar tanto tiempo hasta la próxima y animaros a que lo probéis. Las ocasiones especiales tienen que celebrarse en sitios especiales y esta lo era. Mañana, por fin, nos mudamos a nuestra nueva casa.

 

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